Sobre mí

Catalina Gil Pinzón, seguridad, drogas, género
Catalina Gil Pinzón, seguridad, drogas, género

Soy colombiana y, desde hace algunos años, vivo en España. Tengo más de 15 años de experiencia liderando y gestionando portfolios y proyectos en construcción de paz y seguridad desde el gobierno colombiano, fundaciones internacionales, organizaciones multilaterales y desde la sociedad civil. Actualmente me dedico a impulsar enfoques transformadores en seguridad, con especial énfasis en cambio narrativo, liderazgo de mujeres civiles y la relación entre seguridad y democracia, temas centrales de esta página.

Estudié Gobierno y Relaciones Internacionales en la Universidad Externado de Colombia y completé mi último año en Washington D.C. (Washington Semester Program de American University). Años después cursé una maestría en Estudios de Desarrollo en el International Institute of Social Studies (Erasmus University Rotterdam). Ambas experiencias fuera de Colombia me confrontaron con asimetrías que permanecen presentes: políticas de seguridad entre países presentadas como 'cooperación' pero que son profundamente desiguales —como la guerra contra las drogas—, y la condescendencia con la que América Latina es vista desde el Norte, constantemente interpretada y tratada como objeto de estudio, raramente como productora de conocimiento.

Comencé mi trayectoria profesional en el gobierno colombiano, primero en el Ministerio de Cultura coordinando el Plan Nacional de Cultura y Convivencia, y después en la Alta Consejería para la Reintegración, donde me enfoqué en cooperación técnica Sur–Sur y prevención de la violencia juvenil. Después de la maestría trabajé en distintos sectores, dentro y fuera de Colombia —organismos multilaterales, sociedad civil, fundaciones privadas, cooperación internacional— asesorando, coordinando y dirigiendo proyectos en temas como desarme, desmovilización y reintegración (DDR), prevención de conflictos, enfoques artísticos y memoria con víctimas del conflicto armado y gobernanza local, entre otros.

Esa diversidad de experiencias me permitió entender de primera mano las distintas lógicas institucionales y qué posibilidades reales existen para impulsar iniciativas de cambio desde cada uno de estos espacios. También me permitió ver un patrón que se repetía en todos ellos: los hombres ocupaban mayoritariamente los puestos de liderazgo y decisión, concentrando visibilidad, autoridad y oportunidades de incidencia, mientras las mujeres, independientemente de nuestra experiencia o capacidad, solíamos estar relegadas a roles secundarios.

Más adelante trabajé cerca de seis años en Open Society Foundations en el portafolio de política de drogas para América Latina y fue en ese periodo cuando tomé dos decisiones importantes fuera del ámbito institucional, como ciudadana. La primera fue comenzar a escribir, en 2018, mi blog en La Silla Vacía y ser más activa en redes sociales para compartir reflexiones, inicialmente sobre construcción de paz y, más adelante, sobre política de drogas, a partir de algo que aprendí en esos años: a pesar de la abundante evidencia sobre la ineficacia de la "guerra contra las drogas", su principal éxito ha sido narrativo. Esa presencia en la conversación pública fue lo que me llevó después a escribir en El País y a participar en distintos eventos, diálogos y pódcasts dentro y fuera de la región.

La segunda decisión vino de constatar, nuevamente, la subrepresentación de mujeres en los espacios de liderazgo y de la conversación pública sobre seguridad y, entonces, decidí hacer algo con ese cansancio y esa frustración: empecé a impulsar iniciativas locales para amplificar y visibilizar las voces y experiencias de mujeres en seguridad. Fue lo que inició mi recorrido más formal en impulsar enfoques transformadores de seguridad.

Actualmente no hago parte de ninguna institución de manera formal. Esta decisión responde a una forma de trabajo que he ido construyendo: me gusta crear, pensar proyectos, explorar ideas y llevarlas a la práctica sin las limitaciones que a veces imponen las estructuras institucionales. Esa independencia también me permite colaborar con distintas organizaciones y personas, y abordar múltiples temas y visiones. Porque disputar el campo de la seguridad no se hace desde un solo lugar ni con una sola estrategia.